SOM. CARLOS ALCAYAGA ARANDA(Q.E.P.D.)


 Nos ha dejado en el día de hoy  21 de Enero de 2025,  nuestro instructor militar y amigo,  SOM. CARLOS ALCAYAGA ARANDA, (Q.E.P.D.), radicado en Santiago junto a su esposa Irma y  sus hijos.

            Siempre una noticia  de esta naturaleza,  nos obliga a detener nuestros afanes y aun con problemas de salud o propios del día y de la vida, no es posible dejar pasar la oportunidad, para  dedicarle un homenaje, (hecho muchas veces en vida),  a un soldado distinguido,  un hombre que  nos enseñó la disciplina y el respeto, que nos educó como un gran Maestro, sin tener un carácter dulce o amigable,  pareciera que era parte de su fuerte personalidad el ser parco, directo, duro consigo mismo, y no soportaba ser hombre débil ni permitía que los dolores de la vida le  arredraran su forma de ser: Un soldado de acero,  a pesar de nuestras debilidades humanas, pero firme en vocación y convicción, y muy  claro en sus principios. Fue y hasta su último minuto de vida,  Militar por excelencia y no nos dejaba pasar en sus mejores tiempos ni una falta, aunque no era drástico, grosero o  vengativo, estaba allí con sus sabias palabras y consejos, para decirnos en forma directa y viril, mirando siempre de frente a nuestros ojos,  nuestras fallas o debilidades de soldado.  Así es la vida de quienes abrazan y con sus actitud profesan esta carrera que parecer ser tan dura e impersonal, muchas veces mal  entendida por quienes tienen otra  mirada,  pero que quienes la hemos vivido,  descubrimos las mejores personas tras esas apariencias duras y casi hostiles pero llenas de bondad y con corazón humano, dispuestas a  darse y dar todo de si por los principios  que  se nos  han inculcado desde niños en el conocimiento de nuestra sagrada historia patria, como también el cumplimiento del deber, ese fenómeno de vida  que arrastra  a  quienes han vestido el uniforme de la patria y que han jurado solemnemente  a la bandera  a nunca dejarse vencer aunque las condiciones sean   adversas.  

            El soldado  vive, lucha y muere en esa  acción de su vocación, y no tiene otro fin el que no  sea de cumplir a toda costa, y eso lo entienden solo los que están allí o han tenido el privilegio de servir. El resto,  no puede opinar ni siquiera se imaginan la humanidad y el sentido solidario de quienes caídos en combates de la vida diaria, por razones económicas, de enfermedad de dolores, de tristezas humanas, esa única uoz de esperanzas  es la que  permite contar siempre con ese camarada generoso, que te tiende la mano en lo peor de tu existencia. Si esto se da en la paz, no cabe dudas cómo se multiplicaría en la dolorosa afrenta de la guerra.

            Nos provoca nostalgias su partida. Sabemos que en estos años de enfermedad, que llegan al parecer cuando uno menos se lo imagina y en plena actitud de vida,  surgen entonces las fuerzas  que nos han acompañado en los peores condiciones del terreno, de la instrucción, de la marcha sacrificada por el desierto con el equipo al hombro, o las noches insoportables de frio  cordillerano para sentir que lo que se vive hoy,  es “solo un pelo de la cola” para todo lo que  la vida nos ha permitido sobrevivir y sobrellevar.

            Por eso que en estas palabras sinceras de soldado a soldado,  recordamos a un hombre ejemplar,  amistoso “ a su manera”, humano, con defectos y virtudes, pero  en la hora  de la amistad, un amigo y comandante a su nivel de carácter ejemplar. Serio en su trabajo, responsable y ordenado como buen militar, pero además esposo y padre, que siempre tuvo en mente su familia como pilar fundamental de su accionar.

            Descanse en paz mi instructor.

            Su lucha por la vida  en el final fue larga, tediosa, porfiada, no hubo posibilidad de ser débil,  no se dejó vencer, solo la amiga muerte puede doblegarnos y en este caso  en contra de todo pronóstico, muchas veces la evitó hasta que seguramente lo sorprendió dormido en el justo descanso del guerrero para sorprenderlo  y obligarlo a subir a su carro  nocturno donde  se lleva a la fuerza a los duros que no quieren dejar este paraíso terrenal, pero que hasta la misma  hermana muerte entiende  el por qué no se dejan vencer   y que reclama su derecho por que este viaje si o si  se debe hoy efectuar y definitivamente es la hora prevista para tener que partir,  seguramente a  formar  a la diana militar en ese otro cuartel donde la vida sigue como siempre  en ese invariable sentido de ser hasta siempre militar.

            Unidad: ¡¡ Atención Firmes…..!!.

            Mi SOM Carlos Alcayaga Aranda, ¡¡Descanse  en paz!!








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