GRATITUD A GESTOS NOBLES
Gracias mi Teniente Norman Sierralta Guerrero No hay mayor dolor que perder un hijo. En esos tiempos en que la vida era sólo trabajo y todas nuestras energías se volcaban a nuestra pasión, la de ser soldados. Vivíamos con la botas puestas, con la mochila y la bolsa ropera lista para embarcar al camión y en la “Sala de armas”, el fusil numerado, aceitado y las cajas de munición selladas, para cualquier instante marchar al único destino que nuestro deber nos indicara: La frontera. Pero es así la vida diaria del soldado. Aunque no haya posibilidad de conflicto, estar todos los días preparados y prestos a la partida sin pensar en el retorno, es la obligación de la vocación de servicio que nunca muere, fuerza que mueve los corazones y las voluntades con ...